Nena – Nena (1983)

Artista: Nena
Título: Nena
Año: 1983
País: Alemania iconfinder_flag-germany_748067

Dejo aquí una idea que podría servir como premisa para otro blog especializado: profundizar en la obra y trayectoria de one-hit wonders. No es que yo lo vaya a hacer, pero si alguien lo hiciera sería interesante y contaría con mi apoyo. Para el que no conozca el término, one-hit wonder hace alusión a artistas o bandas musicales que únicamente tuvieron una canción de éxito (o si relajamos un poco la definición, quizá dos o tres concentradas en un intervalo de tiempo reducido). Por supuesto, esta definición es contextual: hay casos que encajan de lleno en esta definición, como las 4 Non Blondes con su éxito “What’s up?”, pero en otros casos hablamos de gente que es famosa en un contexto particular pero en un momento dado lanzaron un tema que trascendió dicho contexto. Por ejemplo, los suecos Europe son una banda muy conocida dentro del mundillo heavy, pero su canción “The Final Countdown” será la única que conocerá la mayoría de personas ajenas a dichos círculos; los españoles Los Del Río se convirtieron en un éxito global con “Macarena” pero ya eran conocidos en España antes y lo siguieron siendo después; y luego está el caso que nos ocupa hoy: Nena.

Nena fueron un grupo procedente de Berlín Occidental, activo desde 1981 hasta 1987 y que entre el 83 y el 86 lanzaron un disco por año, obteniendo los tres primeros un éxito considerable en Alemania y otros países de su entorno como Austria y Suiza. Este grupo estaba catalogado en la Neue Deutsche Welle (“Nueva Ola Alemana”), la corriente musical influenciada por el synth-pop y el post-punk que inundó Alemania Occidental en los años 80. La banda estaba formada por Gabriele Kerner, apodada “Nena”, Jörn-Uwe Fahrenkrog-Petersen a los teclados, Carlo Karges a la guitarra, Jürgen Dehmel al bajo y Rold Brendel a la batería. Si se presta atención a los créditos compositivos del primer álbum se puede observar que todo el mundo aportaba a la banda, siendo Karges el que más peso tenía, aunque el hecho de que el nombre del grupo fuera el mismo apodo de la cantante provocaba una identificación entre la banda y su vocalista (que tras la separación de la misma sería aprovechada para continuar una carrera en solitario con el mismo nombre).

nenaband

Sin embargo, la historia de este grupo se diferencia de otros tantos porque la canción “99 Luftballons”, contenida en su debut, alcanzó una fama internacional enorme: su single alcanzó el número 1 en países como Suecia y Nueva Zelanda y el 2 en Estados Unidos y, cuando más tarde ese mismo año se lanzó una versión en inglés titulada “99 Red Balloons”, esta alcanzó el número 1 en el Reino Unido y Canadá. En España no resulta sorprendente escuchar la versión inglesa en alguna cafetería en la que tengan un hilo musical de música de los 80. Yo mismo decidí indagar en la música de Nena gracias a este hit esperando encontrar, como en muchos casos similares, un grupo simpático pero no demasiado destacado, que sin tener muy claro cómo lograron dar la campanada con un tema muy por encima de lo que es su nivel promedio: me equivocaba.

Nena es un disco muy adictivo, y la mayoría de sus canciones tiene un gancho espectacular. Quizá no todas tengan la vocación de éxito mundial de “99 Luftballons”, pero son gemas pop de excelente factura que resisten escucha tras escucha. El lado más comercial del disco está cubierto por, obviamente, “99 Luftballons”, uno de los himnos del pop-punk definitivos, con una melodía para la posteridad y una voz que funciona a las mil maravillas, una voz hermosa, entre la sensibilidad de la canción pop y la actitud del rock, pero también encontramos dos temas pop irresistibles como la inicial “Kino”, con su divertido riff de teclado, y la acelerada “Nur geträumt”, el primer single del grupo, con el estribillo más emocionante del disco. También encontramos guiños a la World Music con la rítmica y tribal “Indianer”, la oriental “Zaubertrick” o el reggae “Ich bleib’ im Bett”, píldoras rockeras como la adictiva “Noch einmal” cuyos riffs recuerdan a un hard rock clásico por momentos o el momento de oscuridad “Tanz auf dem Vulkan”.

Pero el momento más destacado para mí, incluso por encima del ya mencionado hit, es la preciosa “Vollmond”, un medio tiempo que no termino de tener claro si es una balada o no en el que escuchar cantar a Nena es una delicia (lo dije ya cuando hablé de los Puhdys y lo vuelvo a decir ahora: el alemán como idioma para el pop y el rock no está lo suficientemente valorado). Una estrofas evocativas que acompañan al título del tema (“Luna llena”), un estribillo lleno de intensidad y una coda magnífica en la que incluso Kerges se atreve con un tímido solo de guitarra perfectamente construído. “Vollmond” es sin duda una joya y por ella ya vale la pena mirar más allá de “99 Luftballons” y adentrarse en qué tiene Nena que ofrecer.

Recomiendo encarecidamente este Nena a todos aquellos que aprecien un disco de pop bien hecho, y como reflexión final vuelvo al tema inicial de la entrada para preguntarme cuánta música de calidad nos estaremos perdiendo por no indagar en esos artistas de un solo éxito que a veces no tomamos en consideración.

Franco Battiato – La voce del padrone (1981)

R-985747-1507048670-2735.jpeg (1)
iconfinder_star_285661iconfinder_star_285661iconfinder_star_285661iconfinder_star_285661iconfinder_star_285661
Artista: Franco Battiato
Título: La voce del Padrone
Año: 1981
País: Italia iconfinder_flag-italy_748049

Tengo una categoría mental en la que tengo metidos algunos músicos, y es la de creadores de canciones. Esta categoría hace alusión a músicos que tienen carreras largas y prolíficas, tienen una cantidad de canciones geniales tan alta y tienen tal facilidad para parir temas que siempre tienen algo interesante aún en sus momentos menos inspirados, que su discografía acaba dando la sensación de ser un universo en el que perderse y nunca llegar a dominar del todo. En esta categoría tengo a artistas como Andrés Calamaro, Luis Alberto Spinetta, Caetano Veloso o Elton John. Y por supuesto, el músico del que hablamos hoy, Franco Battiato, que en mi opinión sería el mejor creador de canciones de la historia.

hqdefault.jpg

Este italiano comenzó a principios de los años setenta con una serie de discos que se movían entre el rock progresivo y la música minimalista y experimental (con algunas de las piezas más extravagantes que he escuchado nunca como, “L’Egitto prima delle sabbie”). La cuestión es que en algún momento algo le hizo dar un giro radical y lanzar, en 1979 L’era del cinghiale bianco, un disco de pop genial y original como pocos se habían hecho hasta la fecha. Un pop colorido, con influencias que iban desde la música clásica hasta la étnica, que aún a día de hoy sigue siendo difícil determinar si viene del pasado o del futuro. De ahí en adelante su carrera fue un montaña rusa de acontecimientos: cambios de estilo (new wave, synth pop, metal, baladas de piano y orquesta, electrónica), eventos memorables (como la vez que, en pleno bloqueo internacional a Irak, dio un concierto en Bagdad acompañado de una orquesta sinfónica) y mucha, mucha música de calidad. Letras entre lo genial, lo ridículo y lo inverosímil, letras en francés, inglés, árabe o alemán alternándose con su italiano natal (sin hablar de sus regrabaciones de temas en castellano), colaboraciones absurdas (como aquella con Cristina Scabbia de Lacuna Coil o las absurdas aportaciones de su amigo, el filósofo Manlio Sgalambro).

El disco del que he elegido hablar hoy es típico, y quizá podría haber ido a otras opciones más sorprendentes, como el metalero Dieci stratagemmi (2004) o el renovador L’imboscata (1996), pero no hay mejor manera de adentrarse en la obra de Battiato que este La voce del padrone, que no dudo en colocar entre los diez mejores discos pop de la historia.

Siete canciones entre los 3:30 y los 5:30 de duración, en la que los teclados a ratos y la orquesta a otros se apoderan de todo, con un bajo muy marcado (qué gran época los ochenta para el bajo), desplegando el conjunto una creatividad sonora impresionante, digna de alguien que percibe la música, ante todo, como una forma de artesanía. Cada tema tiene lo suyo: “Summer on a Solitary Beach” desde el título nos lleva a una apartada playa nocturna y nos hace sentir como en un sueño cuando canta aquello de “via, via, via, da queste sponde…”. “Bandiera bianca” es un himno que sería político si se pudiera descifrar de qué habla y poco a poco construye una tensión que se resuelve maravillosamente en un estribillo inmortal. “Gli uccelli” nos habla de pájaros que son en realidad naves espaciales y alterna preciosos fragmentos orquestales con otros dominados por una potente base rítmica que dibuja en nuestra imaginación cuadrículas de un verde fosforescente, resultando una de las canciones más hermosas jamás grabadas. “Cuccurucucù” es un absurdo tema rockero, que al principio echa para atrás por tener una letra hecha canciones clásicas del siglo XX, pero que termina resultando ser una joya que continúa fija en su repertorio. “Segnali di vita” es un tema que mezcla el rock y la orquesta de manera sensacional, con momentos de belleza que por momentos se acerca a “Gli uccelli”. “Centro di gravità permanente” es el exponente más famoso de ese pop colorido que tanto se asocia a Battiato (junto a “Voglio vederti danzare”, por supuesto) y su final sería un magnífico cierre al tremendo manifiesto artístico que es este disco. Y digo sería porque aún hay otro tema, la oda al sexo “Sentimiento nuevo”, con su primera frase en castellano, sus variedad de soniditos locos y su aire festivo que cierra el disco maravillosamente.

Me resulta difícil contener los halagos hacia este disco puesto que es uno de mis favoritos. Pese a no ser un disco precisamente desconocido, y contar este músico de amplio reconocimiento en nuestro país, no puedo evitar pensar que alguno todavía se lo está perdiendo. Esta semana supe que hacía unas semanas había anunciado su retirada y no pude dejar pasar la oportunidad para rendirle un homenaje.

W.I.T.C.H. – Lazy Bones!! (1975)

witch
Artista: W.I.T.C.H.
Título: Lazy Bones!!
Año: 1975
País: Zambia iconfinder_flag-zambia_748088

La historia del Zamrock es una de las más curiosas del rock. Zambia pertenece a la lista de países africanos que obtuvo su independencia del Reino Unido en algún momento posterior a la 2ª Guerra Mundial, más concretamente en 1964. Debido a sus minas de cobre, el país disfrutó de un periodo de bonanza económica hasta mediados de los setenta, cuando el precio de este metal cayó. Este crecimiento económico trajo aparejada una creciente urbanización y desarrollo cultural, que dio lugar a que la música internacional arraigara más en la población local que en otros países del entorno. Todo esto se combinó con un extraño acontecimiento político: el por entonces presidente Kenneth Kaunda decretó que el 95% de la música que sonara en las emisoras de radio zambianas debía ser de origen nacional. Esto, indudablemente, permitió a ciertos artistas gozar de una fama que quizá sin ayuda no habrían logrado, ya sea por carecer de los méritos para ello, ya sea porque el mercado musical no siempre es justo. Todo esto fue el origen del Zamrock.

La gracia del Zamrock, es que mientras la llegada del rock a muchos otros lugares de África pasó por el filtro funk y un fuerte sabor autóctono, en Zambia la influencia principal fue un rock más denso y pesado, de artistas como Jimi Hendrix, Blue Cheer o Black Sabbath. En esta categoría se encuadran Paul Ngozi and his Ngozi Family, Amanaz, The Peace y la banda que nos ocupa hoy, W.I.T.C.H.

Este grupo, cuyo nombre es un acrónimo que significa “We Intend To Cause Havoc”, estuvo liderada en un principio por el cantante Emanuel “Jagari” Chanda, y en este disco contaba con el resto de su formación clásica: John “Music” Muma a la guitarra rítmica, Chris “Kims” Mbewe a la guitarra solista, Gideon “Mwamulenga” Mulenga al bajo y Boyd “Star McBoyd” Sinkala a la batería. Tras dos discos de psicodelia garajera, en mi opinión, algo débil, y con el acompañamiento del teclado de Paul “Jones” Mumba, decidieron en su tercer disco entregarse a un sonido más duro, ya sin teclado, dando un gran salto cualitativo con respecto a sus anteriores obras.

QDK050CD_pic.jpg

La producción sigue siendo bastante sucia, pero lejos de enturbiar el resultado final, consigue dotar al blues-rock pesado y psicodélico de este disco de un toque muy característico y encantador. Yo personalmente no quiero imaginarme temas como “Havoc” sin esa batería que suena como en la distancia, o con un tono de guitarra más limpio. Quizá, como sucede con tantas otras grandes obras restomundistas, la música suena algo desfasada (sonar a Hendrix cuando un año después Judas Priest lanzarían Sad Wings of Destiny) pero si uno se abstrae de ello, el sonido del disco le convencerá y le llevará al final de los años 60.

Hay una canción en este disco que en mi opinión brilla con luz propia: “Strange Dream”. Hay una nueva formación reciente de la banda (únicamente con Jagari), de la cual hay un concierto subido a YouTube, pero no aparecían los temas en la descripción. Pues bien, uno de los comentarios se limitaba a decir en qué minuto aparecía “Strange Dream” y este comentario fue agradecido y aplaudido, por lo que quizá no sea solo cosa mía. Se trata de un tema bastante pop para lo que viene a ser el disco, aunque la contundente base rítmica sigue estando ahí. Está además acompañada de guitarras acústicas y guitarras eléctricas relativamente limpias, que contrastan con el festival de distorsión del resto del disco, y hacen que la hermosa y luminosa melodía brille con una luz especial.

El resto del disco es más puramente rockero, y pese a lo homogéneo de su sonido los temas son bastante variados. La inicial “Black Tears” empieza tranquila antes de acelerarse en un arranque que recuerda a los Black Sabbath de Paranoid. “Motherless Child” practica un rock más estándar que no por poco original deja de ser efectivo. Otros temas son de inspiración más claramente hendrixiana, como “Off my Boots”, “Lazy Bones” o “Tooth Factory”, que emulan bastante bien el espíritu de Hendrix, Redding y Mitchell, y en otros como “Look Out” hallamos un regusto más funk. Como curioso cierre del disco, “Little Clown” es bastante pop y melódica, y debajo de su distorsión fuzz y sus potentes redobles, podemos escuchar asomarse a los Beatles de Rubber Soul.

Tras este disco lanzarían un par más con la formación clásica, antes de Jagari abandonara el grupo para dedicarse a terminar sus estudios y convertirse en profesor, y el grupo haría un par de trabajos sin él, orientados hacia la música disco. A día de hoy Jagari es el único que sigue vivo, según él porque renació su fe cristiana y le hizo alejarse de la mala vida que hizo que le resto de sus compañeros se infectaran del VIH, de altísima prevalencia en Zambia y posteriormente murieran de SIDA. A principios del siglo XIX coleccionistas de rarezas dieron con la música de W.I.T.C.H. y el sello alemán Shadoks Music reeditó alguno de sus discos, lo que hizo renacer cierto interés en su música y llevó a Jagari a hacer una pequeña gira por Europa y EEUU con una nueva formación. La verdad es que no se me ocurre ninguna razón por la que a alguien a quien las referencias anteriormente mencionadas le suenen bien no fuera a gustarle este disco.

Trust – Répression (1980)

4799
Artista: Trust
Título: Répression
Año: 1980
País: Francia iconfinder_flag-france_748130

De entre los países occidentales más relevantes (ya sea por población, por tamaño de su economía o por relevancia política e histórica) Francia es con gran seguridad el que menos ha influido en la historia del rock. Y no es porque a los franceses no les guste esta música (véanse festivales como por ejemplo el Hellfest, que concentra aficionados al rock duro y el metal de toda Europa), nada de eso, pero por la razón que sea no han sido exitosos a la hora de exportar música rock. Incluso entre gente muy versada en la materia es común no conocer músicos de rock procedentes de Francia, y si además añadimos el requisito de que han de cantar en el idioma francés la cosa se complica. En el estilo del disco que comentamos hoy, entre hard rock y heavy metal, podría decirse que, para la mayoría de gente escucharlo cantado en francés es tan atípico y exótico como podría resultar escucharlo en vietnamita o en persa.

A la mayoría de aficionados al rock duro por los que preguntes por un grupo francés, en caso de conocer uno, probablemente te mencionen a Trust (aunque si son dados a sonidos más duros también puede que nombren a Gojira). Esto se debe a que una canción suya, “Antisocial”, la encargada de abrir este disco tuvo cierta relevancia gracias a que los estadounidenses Anthrax grabaron una versión que muchos conocen en lugar de la original. Aquí en España Los Suaves también la reinterpretaron con acierto. Y no es sorprendente si digo que es gracias a estas versiones gracias a las que llegué a saber de ellos hace ya bastantes años.

La banda ha sido sostenida a lo largo de su trayectoria por el cantante Bernie Bonviosin y el guitarrista Norbert “Nono” Krief, únicos miembros constantes de la banda hasta el día de hoy. El resto de posiciones han ido rotando a lo largo de los años y como curiosidad, pasaron por su formación Nicko McBrain antes de ser batería de Iron Maiden y Clive Burr después de ocupar ese mismo puesto.

600x337_trust1.jpg

Tras un debut algo más rudo, en Répression, su segundo LP, refinaron algo su sonido, dando algo de lado su actitud punk en favor de un mejor acabado y un estilo más compacto. Su estilo se engloba en aquel heavy metal de finales de los 70, que todavía es muy deudor del sonido hard rock de bandas como AC/DC y que todavía no ha consumado su divorcio con la raíz blues, como por aquel entonces empezaban a hacer las bandas de la NWOBHM. Es por eso que temas como “Sorts tes griffes” o la bluesera “Saumur” incitan más a mover el pie que a agitar la cabeza, que “Au nom de la race” se atreve con unos arreglos de vientos tirando a soul que en un disco más metalero sonarían ridículos, o que el cierre con “Les sectes” tiene aquella calidez rocanrolera heredada de Motörhead.

Es gracias a temas como estos que el disco se hace muy entretenido, puesto que su alternancia con los temas más puramente metaleros hace que el disco jamás deje de resultar ameno. En esta categoría encontramos cosas como “La mitard”, que recuerda a Accept, o la judaspriestana “Instinct de Mort”, le acelerada y luminosa “Monsieur Comedie” y por supuesto, “Antisocial”.

Qué decir de “Antisocial”, una canción colocada malintencionadamente al inicio del disco para hacerte creer que lo que va después no es para tanto. Una canción tan monumental que puede costar seguir escuchando el disco detrás de ella. Su maravillosa intro acústica y evolución hacia aquel inolvidable riff que presagia el movimiento thrash metal, la genial interpretación de Bernie, llena de rabia, de urgencia, ese estribillo desquiciado (que en su versión inglesa reducirían a un ramplón “You’re anti, you’re antisocial”) y esa lección de cómo componer un solo magistral ciñéndose a los recursos más simples. “Antisocial” es más que una gran canción, es un tema de esos que hacen que adolescentes pidan a sus padres su primera guitarra.

La voz de Bernie, ya que la mencionamos, es perfecta para el estilo del disco y consigue hacer del francés un idioma que encaja tan bien en el estilo que sorprende que no se haya usado más. Se grabó también una versión inglesa del disco, con vistas al mercado internacional, pero pese a que las canciones siguen siendo buenas, Bernie no consiguió sonar ni la mitad de convincente, dejando aquella versión reducida a una curiosidad a la que no vale la pena recurrir si se tiene el original.

Más allá de la curiosidad de escuchar heavy en francés, Répression es un disco buenísimo y no tengo duda que en un panorama musical menos anglocéntrico hubiera gozado de mucho más reconocimiento.

Sanulrim – Je 2 Jip (1978)

sanullim
Artista: Sanulrim [산울림]
Título: Je 2 Jip [제2집]
Año: 1978
País: Corea del Sur iconfinder_flag-south-korea_748007.png

Corea del Sur es un país del que conocemos poco. No captura nuestra atención como si estrambótico vecino norte y la mayoría no podríamos decir algo particular sobre ellos que no sea simplemente tópico de todo el extremo oriente de Asia. La única música que nos llega es el K-Pop y mucha gente no sabría decir qué la diferencia del J-Pop (más allá del idioma, claro). Por eso cuando decidí investigar un poco a ver qué tenía este país para ofrecernos en lo que a rock se refiere no sabía muy bien qué esperar. A falta de indagar un poco más, la sorpresa por ahora ha sido grata.

Sanulrim, también escrito a veces Sanulim, fueron un trío fromado en Seúl por los tres hermanos Kim: Chang-wan (guitarra y voz), Chang-hoon (bajo) y Chang-ik (batería), y a lo largo de 20 años de carrera lanzaron trece discos de estudio, manteniendo una estética constante en sus portadas y numerando los discos, facilitando enormemente la tarea de aquellos que bastante tenemos con intentar descifrar los caracteres de su alfabeto. Este disco es el segundo, de hecho su título quiere decir “Volumen 2”.

5ab70b52a9644804e69e52fa15afdba0.jpg

Lo que nos encontramos aquí es puro rock psicodélico, construido sobre una base de RnB propio de finales de los 60 y principios de los 70 a través de una combinación de bajo y batería precisa y vigorosa, y aderezado con toneladas de órgano (la estrella del disco, a cargo de un músico de sesión) y guitarras con distorsión fuzz. Un sonido que, al margen de la calidad de las canciones, si se ejecuta con un mínimo de competencia siempre resulta agradable. Este disco sigue la estela de su debut, antes de un tercer disco en el que se desharían del órgano produciendo un disco construido con un crudo sonido de power trio.

El disco arranca con “내 마음에 주단을 깔고” (“Nae maeume judaneul kkalgo”) que da inicio con un riff de bajo repetitivo al que no tarde en unirse la batería, para posteriormente la guitarra con esa distorsión crispada tan característica, en un crescendo magistral de más de tres minutos que va introduciendo a la banda poco a poco, antes de que aparezce el órgano y Chang-wan empiece a cantar, llevándonos al deleite máximo en el estribillo. Esta árida pieza de RnB psicodélico encaja a la perfección en el espíritu fundacional de esta página. “노래 불러요” (“Norae bulleoyo”) llega después con un ritmo más ágil, un brillante riff de órgano circense que se repite una y otra vez y una muy destacable línea de bajo, dando lugar a un tema que en directo debía de animar muy bien el ambiente. Por otro lado, la construcción épica y casi progresiva “안개속에 핀 꽃” (“Angaesoge pin kkot”), que recuerda a los Pink Floyd de Meddle en su inicio y a Deep Purple en su final sería un clásico mundial de haber venido de alguna reconocida banda anglosajona.

Valgan estos tres primeros temas, cada uno de ellos distinto a los demás, como un breve muestrario de lo que podemos encontrar a lo largo de las diez canciones que componen el álbum. Por destacar algún tema más, siento predilección por “어느날 피었네” (“Eoneunal pieossne”) con su inicio que recuerda a Black Sabbath antes de dar paso a riff machacón de teclado que se graba en la memoria. Como tantos otros discos se han hecho, quizá no se trate tanto de individualizar en canciones y sí de dejarse llevar por el seductor sonido de un estilo que no resulta complicado convertir en zona de confort.

Para los ávidos devoradores del rock clásico y la psicodelia, así como para los amantes del órgano como instrumento, esté segundo volumen de Sanulrim es una adición imprescindible a la colección.

Bijelo Dugme – Ćiribiribela (1988)

bijelo.jpg
Artista: Bijelo Dugme
Título: Ćiribiribela
Año: 1988
País: Bosnia y Herzegovina iconfinder_flag-bosnia-and-herzegovina_748055

A la mayoría no os dirá nada el nombre de Bijelo Dugme. Es posible, por otro lado, que el de Goran Bregović os suene bastante más. Para los más despistados, Bregović es una de las estrellas de la llamada World Music desde los 90, siendo el músico que más ha contribuido a hacer de la música de vientos balcánica algo conocido mundialmente, al ser capaz de dotarla de una sensibilidad pop que la hace muy accesible para el gran público. También se le ha acusado de ser demasiado laxo con los plagios, o de no acreditar debidamente a otros músicos, generalmente músicos gitanos en una posición de clara desventaja (aunque luego ha intentado resarcir a algunos de ellos), pero eso ya es otra historia.

Goran Bregović era el líder y guitarrista de esta banda que se formó en Sarajevo en 1974 y permaneció en activo hasta 1989, dejando nueve discos de estudio que siguieron una evolución estilística desde el rock progresivo de sus inicios al hard rock de discos como Bitanga i princeza y al pop y rock de estadio de su tramo final, con discos como el homónimo de 1984 y su último disco antes de separarse, Ćiribiribela. Durante su trayectoria fueron uno de los grupos más famosos del Yugo-rock, y contó con el beneplácito del establishment yugoslavo de la época. Si bien a día de hoy los clasificamos como bosnios, lo cierto es que fueron un grupo puramente yugoslavo, siendo Bregović hoy día una de tantas personas de aquella región que siguen identificando su patria como Yugoslavia antes que el país que les tocó tras su disolución.

goran.jpg

Había varias opciones a elegir, pero me he decantado por este por ser el primero que escuché y el que más interiorizado tengo. En esto influye el hecho de que Bregović ha reutilizado canciones y fragmentos de las mismas de Bijelo Dugme para su carrera en solitario, y en este disco aparecen bastantes melodías que ya conocía, especialmente gracias a su gran disco Champagne for Gypsies. Quizá “Ćiribiribela” no tiene el sonido más atractivo y el rock clásico de sus primeros discos pueda resultar más seductor para mis lectores pero creo que este disco es ideal a la hora de encapsular las cualidades de Bregović como compositor, porque si algo tiene este disco son canciones, y muy buenas.

bijelo alen.jpg

El disco se inicia con “Ćiribiribela”, un tema festivo, basado en vientos y acordeones totalmente alejado de la tónica general del LP y que está más orientado hacia lo que sería su carrera posterior, pero que tras unas cuantas escuchas se graba a fuego en el cerebro. También sigue una onda más folk, ahora ya con el sonido balkan brass perfectamente definido, la adaptación del tema tradicional gitano “Đurđevdan Je A Ja Nisam S Onom Koju Volim”, que posteriormente con su banda interpretaría con el título “Ederlezi”. Fuera de esos dos temas, el disco tiene un sonido entre rock y pop ochentero dependiendo del tema, con crujientes riffs de guitarra, baterías a veces con más reverb que en otras, y bajos más o menos sintéticos según la canción. Si hubiera que destacar algunas canciones, me quedaría con la ingeniosa y oscura “”Šta Ima Novo”, de brillante estribillo, y la plástica y sintética “Ako Ima Boga”, síntesis que llevan a su extremo “Neću To Na Brzaka”. No quisiera dejar de mencionar las convincentes baladas “Evo Zakleću Se” y “Nakon Svih Ovih Godina”, que por típicas no dejan de tener méritos obvios y permiten el lucimiento del cantante Alen Islamović, el tercero de los tres que tuvo la banda en su recorrido.

Si bien a día de hoy Bregović se ha vuelto bastante vago, reutilizando mucho material viejo y tomándose su tiempo para grabar, en su periplo como líder de Bijelo Dugme producía canciones como churros. Algunas mejores que otras pero siempre con un giro melódico o un ritmillo interesante que reclamaba tu interés y te hacía entender que tenía un don como compositor. Me parece que este disco es una muy buena forma de descubrirlo, pero por si a alguno este estilo no le convence, tarde o temprano hablaré de otros trabajos de la banda.

[ESPECIAL] Día de la Hispanidad 2019

Es difícil determinar, de la persona que somos en un instante dado, qué parte llevamos dentro de manera innata y qué parte es fruto de nuestro entorno. Está claro que ambas cosas influyen, y que si hubiera nacido no digo ya en otro país, sino en otra ciudad de España o incluso en la misma ciudad, o en la misma calle, pero en otro entorno familiar, no sería exactamente la misma persona que soy a día de hoy. Me gusta imaginar, a pesar de esto, que igualmente me gustaría la música, aunque puede que no exactamente la misma. Y me gusta imaginar que la parte más inherente a mí es mi inquietud, ese espíritu curioso que me empuja a querer conocer más, a descubrir más cosas. Esa hambre de aventuras y de aprendizaje que no pocas veces me genera frustración y ansiedad ante la perspectiva de que hay más discos por escuchar, más libros por leer, más ciudades por visitar que sin duda me encantarían de los que, desde una perspectiva realista, podría llegar a conocer en diez vidas. Me gusta pensar que, al igual que siendo español disfruto rebuscando entre los mejores discos de rock de la Polonia socialista, si fuera polaco en algún momento de mi vida habría llegado a escuchar a Leño, a Barón Rojo o a Triana. Me gusta pensar que en una realidad paralela yo estaría escribiendo sobre el Rock del Resto del Mundo en griego. Qué demonios, quizá ese chico griego hablando sobre las bondades de la música que no sea inglesa, americana ni griega exista.

Esta semana, con motivo de la fiesta nacional de España, he decidido ponerme en la piel de aquel hipotético yo de una realidad paralela que no nació al sur de los Pirineos, sino al este de los Cárpatos o en la costa sur del Mar Negro, y que se dedica a vivir aventuras musicales por el mundo con la inestimable ayuda de una conexión a Internet y la pandilla de viejos zorros de la tienda de vinilos.

Como siempre, el criterio es caótico y visceral. No se trata de ser exhaustivo, no se trata hablar de lo mejor. A fin de cuentas, tampoco sé si el resto de discos de los que he hablado son lo mejor de cada país, ni me importa. Se trata de hablar de cosas que me gustan y que espero que os gusten también a vosotros.

Aquí va una colección de nueve discos que me parecen buenísimos. Cada uno ha sido elegido por razones distintos. Algunos son clásicos consolidados, otros rarezas ocultas. Y me dejo fuera algunas opciones obvias para el caso de que vuelva el año que viene repita.

El orden es aleatorio.

Ñu – Cuentos de ayer y de hoy (1978)

ñu cuentos.png

Origen: Madrid

Me gusta decir que este es el disco de metal progresivo más antiguo del que tengo constancia. No sé si es verdad. Intento pensar un disco que sea puramente progresivo y además se pueda clasificar sin duda como metal, no simplemente rock duro, y no se me ocurre. Y aunque no fuera el primero, sí es un disco muy avanzado para su época, puesto que el género de metal progresivo no estaba consolidado como corriente aún.

Ñu eran por entonces la banda liderada por el cantante y flautista José Carlos Molina y con los años se irían transformando en el proyecto de Molina más acompañantes. A lo largo de su carrera harían heavy, hair metal, música medieval eléctrica y acústica y algunas cosas ciertamente inclasificables, a veces con más acierto que otras, pero siempre con gran personalidad. Nunca conseguirían, eso sí, superar este monumental compendio de seis canciones, que incluyen intrincadas y desquiciadas piezas como “Preparan” o “Profecía” o grandiosos tótems progresivos como “Paraíso de flautas”. Para mí, el mejor disco hecho en España. Aunque quizá nadie más lo comparta.

 

Triana – El patio (1975)

61B5hNa4gfL._SX355_

Origen: Sevilla

Uno de los clásicos indiscutibles del rock progresivo español, y una de las bandas nacionales con mayor personalidad y que mayor influencia han arrojado sobre generaciones futuras. Triana, banda, liderada por el teclista y cantante Jesús De la Rosa, junto con los geniales Eduardo Rodríguez a la guitarra española y “Tele” Palacios a la batería (sin obvias las imprescindibles colaboraciones de Manolo Rosa al bajo y Antonio García de Diego a la guitarra eléctrica), lograron una fusión entre rock progresivo clásico y flamenco espectacular que si uno puede abstraerse de lo interiorizada que la tenemos, es algo imposible de creer.

Decir que “Abre la puerta” es una de las canciones más espectaculares hechas en la música en castellano sobra, pero es que adicionalmente tenemos otros clásicos como “Sé de un lugar” o “Recuerdos de una noche” que serían la mejor canción en la discografía de casi cualquier otro grupo de su generación. Uno de esos discos que, una vez descubierto y asimilado, solamente queda envidiar a aquellos que aún no lo han hecho.

 

Miguel Ríos – Rocanrol Bumerang (1980)

bumerang.jpg

Origen: Granada

La razón por la que he incluido este disco es, simplemente, porque me permití ignorar activamente a Miguel Ríos durante mucho tiempo. Siempre creí que su mítico directo, Rock & Ríos era rock para gente a la que no le gustaba el rock y su estatus como clásico patrio se me hacía absurdo. La voz impostada de Ríos y las trompetas de “Bienvenidos” hacían el resto.

¿Qué cambió? Qué un día escuché “La ciudad de neón” con atención y me gustó mucho, y tirando del hilo llegué a este disco. Sin haber indagado demasiado en el resto de su discografía, a día de hoy “Rocanrol Bumerang” es uno de mis discos de rock simple y directo favoritos en castellano. Temas de rock duro como la mencionada anteriormente, “Lua Lua Lua” o el tema titular son pastillas musicales concisas, honestas y creíbles, baladas como la celebérrima “Santa Lucía” o la eltonjohniana “Compañera” son tan hermosas como bien cantadas y cosas raras como “Sueño espacial” o “Nueva ola” aportan un toque de originalidad.

Pensé que si alguien tenía el mismo prejuicio que yo hacia este cantante, este disco podría ayudarle a superarlo como me pasó a mí.

 

Banzai – Banzai (1983)

banzai.png

No es el mejor ni el más célebre disco de heavy español (este es Volumen brutal de Barón Rojo), ni siquiera es el lanzamiento más reputado de Banzai (ese premio corresponde a Duro y potente), pero para mí queda como un pequeño tesoro semi-olvidado de la época. Banzai, liderados por el guitarrista Salvador Domínguez (que por cierto era colaborador habitual de Miguel Ríos) nos brindan una buena dosis de heavy metal en el que casi cada tema tiene vocación de clásico. El himno “oficial” del disco es la sensacional “Voy a tu ciudad”, pero es que si uno escucha con atención nota como temas como “Rock duro”, “Funciona legal” o “Amigo” son perfectamente merecedores de tal estatus.

Al margen de su excelente calidad musical, además, la atmósfera urbana del Madrid obrero de los ochenta (o al menos cómo me la imagino yo) te atrapa desde la primera a la última nota, y como leí una vez, si una música consigue trasladarte a otro lugar, la mitad del trabajo ya está hecho.

 

Antònia Font – Vostè és aquí (2012)

antònia-font-vostè-és-aquí.jpg

Origen: Palma de Mallorca

Los mallorquines Antònia Font fueron uno de los grupos españoles más originales de las últimas década. A lo largo de sus 16 años de trayectoria dejaron siete discos de estudio tocando estilos que van del indie más canónico al colorido pop de Franco Battiato, pasando por la electrónica y por la rumba. Todo esto además cantando no solo en catalán, sino específicamente en el dialecto mallorquín, siendo seguramente los músicos que más lejos lo han llevado. Despidieron su trayectoria con Vostè És Aquí, su mejor y más atrevido disco.

Cuarenta canciones a lo largo de más de una hora, ninguna de ellas superando los tres minutos y generalmente por debajo de los dos. Todo un despliegue de géneros que incluye desde guiños a Sonic Youth (“Sol de taronjas”), el reggae (“Nous partons pour la France”), el pop a lo Belle and Sebastian (“Camins de plastic”), la canción de autor (“Aquest”), el art-pop (“Zoom”) o cosas raras en general (“Abraçadas són pastilles”). En un alarde de prepotencia musical se permiten infrautilizar motivos musicales memorables, esbozándolas brevemente y pasando rápidamente a la siguiente. El resultado, una avalancha de genialidad que requiere varias escuchas para su total comprensión.

 

Crack – Si todo hiciera Crack (1979)

si todo hiciera crack.png

Origen: Gijón

Algunos de los discos mencionados en esta lista son bastante conocidos, ya sea a nivel general como en pequeños círculos. Este, por otra parte, es una rareza incluso en su escena. Se trata de rock progresivo de inspiración italiana, algo tardío (lanzado ya en 1979) y originario de Asturias, que al contrario que Cataluña o Andalucía no tenía una escena fuerte. A día de hoy incluso encontrar una copia en CD puede resultar un desafío, siendo necesario adquirir una re-edición del sello surcoreano Si-Wan.

Pese a esto, hay más de uno que considera este disco una de las grandes joyas del prog patrio, incluso la mejor de ellas. Canciones elegantes y delicadas como la anti-militarista (o más bien anti-servicio militar) “Cobarde o desertor” o “Buenos deseos” son maravillosas, y la pista titular ofrece todo un festival de teclados, sintentizadores y flautas y uno de los pasajes musicales más satisfactorios hechos en España, aquella última estrofa en la que se hace alusión al título del disco.

 

Cánovas, Rodrigo Adolfo y Guzmán – Señora azul (1974)

señora azul.jpg

Origen: Madrid

Este cuarteto, a menudo abreviado como CRAG, han sido llamados los Crosby, Stills, Nash & Young españoles, pero más allá de darle con gusto a las armonías vocales y de usar sus apellidos como nombre del grupo el parecido no va mucho más allá.

En este disco se nos obsequia con su particular manera de entender la música pop, dando momentos que recuerdan a The Zombies (“Don Samuel Jazmín”), con toques progresivos (“Carrusel”) o la canción de autor (“Solo pienso en ti”, “Nuestro Problema”). También se atreven con un número de rock canalla descarnado (“El vividor”) en el que inventan a los M-Clan de Coliseum. Y por supuesto, está “Señora azul”, una de las más perfectas composiciones del pop en castellano, con una letra ingeniosa y despiadada, dedicada, según se dice, a la censura.

Aquellos que asocian la transición a Victor Manuel y Perales como música desfasada que no ha aguantado bien el paso del tiempo podrían intentar cambiar su parecer con este disco.

 

Frutería Toñi – Tengo mis días buenos (2017)

tengo mis dias buenos.jpg

Origen: Málaga

Uno de los mejores discos hechos en España en la última década. Los malagueños Frutería Toñi, en este segundo LP, practican un rock sinfónico que, de tener que emparentarlo con algún referente internacional conocido, los relacionaría con Gentle Giant, aunque con un sonido y una producción más potentes que los acerca a los tiempos actuales.

Instrumentalmente son espectaculares y su cantante Salva Marina se desmarca del resto de grupos del estilo cantando con un inconfundible acento andaluz en una música que, fuera de eso, no tiene ninguna referencia al flamenco u otro estilo regional.

Hay quien siente reticencias hacia el nombre del grupo, pero esta se disipan enseguida ante el misil nuclear que la propia “Tengo mis buenos días”, la belleza Canterbury de “La órbita de Venus” o el rock duro de “Más de Black”. Hace tiempo hablamos por aquí de Banco del Mutuo Soccorso como una banda de las grandes, y hoy digo que una composición como “FTV-1 Elevado a Ñ” les haría sentir orgullosos.

 

La Búsqueda – La Búsqueda (1988)

la busqueda.png

Origen: Palma de Mallorca

Si te digo que te imagines la new wave de aires románticos de Echo and the Bunnymen, le añadas una instrumentación cruda, mayormente acústica a lo Scott Walter, sin miedo a abusar de vientos y cuerda, y que la pases por un filtro hispano y mediterráneo, quizá te sentirías desorientado en un principio. Pero quien conozca las mencionadas referencias seguramente piense que la mezcla, de hecho, tiene bastante sentido y que no tiene por qué funcionar mal.

La Búsqueda fueron una banda de culto originaria de Palma de Mallorca que debutaron en 1988 con este disco y en una dimensión paralela se vendió muy bien y ocuparon el lugar que en esta línea temporal han ocupado Héroes del Silencio. En esta línea temporal, por otra parte, han quedado relegados a la categoría de joya por descubrir, y es que cuando uno escucha el arranque con “Ay ay ay ay” y llega a su dramático estribillo (“Por todos los santos, ten misericordia”) tiene la sensación de haber desenterrado un tesoro y solo le queda decidirse entre guardárselo como un secreto especial o compartirlo con el mundo.